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AD Vassallo de VA Tech: No es su famoso padre
BLACKSBURG – Poco después de la llegada de A.D. Vassallo a Virginia Tech en 2005, el entrenador Seth Greenberg, maravillado por su toque de lanzamiento suave, le dijo a Vassallo que él podía hacer por Tech lo que J.J. Redick hizo por la Universidad de Duke (en Carolina del Norte). “Yo no quiero ser J.J. Redick,” respondió Vassallo. “Yo quiero ser A.D. Vassallo.” A Vassallo nunca le gustaron este tipo de comparaciones. ¿Qué bien podrían hacerle, habiendo crecido como el hijo de una leyenda del baloncesto puertorriqueño? Empezaron cuando él era sólo un niño dribleando alrededor de las canchas en Toa Baja, escuchando a los espectadores diciendo, “Ese es el hijo de Daniel Vassallo.” Miraban especulativamente a A.D. (corto para Ángel Daniel), seguros de que él nunca podría llegar a tener las destrezas de su padre. “Cada vez que yo iba a una cancha, siempre decían que yo solamente era un muchachito que tenía apellido – y eso era todo, que yo no era así de bueno,” dijo Vassallo. Así que sí, A.D. Vassallo quería simplemente ser A.D. Vassallo, su propio jugador. Y aquí está ahora, tres temporadas dentro en su carrera en Tech, desarrollándose para ser un jugador completo, un jugador de 6’6” y 215 libras que puede defender y ganarle a oponentes con su rapidez o canastas de tres puntos. Este año fue el que obtuvo la mayor puntuación, con un promedio de 16.9 puntos y 4.7 rebotes. En su primera temporada como iniciador permanente, ha culminado durante los últimos ocho juegos, promediando 20 puntos y dos veces llegando a su puntuación más alta de 27. Pero las estadísticas no muestran lo mucho que ha mejorado, quedándose en Blacksburg la mayor parte del verano pasado, volviendo a casa en Puerto Rico por sólo dos semanas, para poder trabajar más fuerte y ponerse en la mejor forma de su carrera. “Él es un muchacho que hace tres años en nuestra primera reunión, no pensaba que pudiera bloquear a nadie,” dijo Greenberg. “Ahora, está trabajando fuertemente para poder salir y defender a sus oponentes.” Vassallo, por la mayor parte, ya pasó la etapa de querer ser su papá, aunque cuando hablan por teléfono Daniel le dice a su hijo que es mejor jugador de lo que él era a esa edad. Daniel también era un jugador distinto, una gacela en la cancha, por 17 años encendía contragolpes en la Liga Superior de Puerto Rico. Su hijo todavía menea la cabeza cuando va a casa y pone uno de los videos de los juegos viejos. “Yo quisiera tener el atletismo que él tenía,” dijo Vassallo. “Parece que él nunca se cansaba.” Vassallo vino a los Estados Unidos para crear su propia carrera y ganarse una beca. Pasó sus últimos tres años de Escuela Superior en la Faith Christian Academy en la localidad de Hurt, justo al sur de Lynchburg. Pasó un año de postgradado en la Academia Militar Margrave en Chatham y luego pasó a aceptar una beca a la Universidad de Richmond. Pero sus notas no eran lo suficientemente buenas y en la primavera de 2005 firmó con Virginia Tech. Quiso diversificar su juego, consciente de ser catalogado sólo como tirador – una de las razones por la cual se irritaba con la comparación de Redick, aunque haya sido un halago. “Sólo quiero ser diferente,” dijo Vassallo. “Yo sabía que podía hacer muchas más cosas que las que podía hacer J.J. en aquel momento.” ¿Quiere algo diferente? Aquí tiene algo diferente: Justo antes del medio tiempo del juego de cuartos de finales del torneo ACC de Tech de la semana antepasada contra la Universidad de Carolina del Norte, UNC, Vassallo fué amonestado por falta al jugador Ty Lawson. Indignado por la acusación, Vassallo corrió hacia la fila de periodistas a un lado de la cancha, tomó un bolígrafo de un reportero y escribió en su libro de notas, “AD NO FOUL.” (AD no cometió ninguna falta.) Su compañero de equipo Deron Washington se moría de la risa, y los reporteros se quedaron con la boca abierta. Después, Vassallo, con su usual sentido de humor subestimado, se dio a entender: “No quería hablarle mal al árbitro ni decir algo estúpido así que pensé que esa era la mejor manera de liberar mi frustración.” Lo vieron sus amigos y familiares en Toa Baja, en donde los juegos son transmitidos en las mismas cadenas estadounidenses. Vieron al hijo de Daniel crecer, caminando confiadamente con ese apellido en la parte de atrás de su camisa y “PR” – un tributo a su madre tierra – afeitado en la parte de atrás de su cabeza. Ellos vieron otra razón por la cual, aún cuando Daniel llama para ofrecer consejos, siempre se asegura de decir una cosa. “Él me dice que yo soy yo, y él es Daniel,” dijo Vassallo. Y eso es todo lo que el chico siempre ha querido. –Darryl Slater/ Richmond Times-Dispatch (Publicado-28 de marzo, 2008)
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